En la economía del conocimiento y el emprendedurismo, el punto de partida ya no es elegir qué estudiar hoy, sino entender cómo aprender en un contexto de cambio permanente. En Tucumán, donde este sector gana terreno con empresas, espacios de formación y redes de emprendedores, referentes coinciden en que el trabajo del futuro no se define por títulos, sino por la capacidad de adaptación y por la combinación de saberes.

La Red Federal de Economía del Conocimiento, asociación sin fines de lucro que articula actores públicos y privados, cámaras y clusters de todo el país, plantea ese cambio de paradigma con claridad. “Más que preguntarnos qué estudiar, debemos entender cómo vamos a aprender de ahora en adelante”, afirma su presidente, Alejandro Páez. Y agrega: “En la economía del conocimiento, la formación ya no es un destino, sino un proceso continuo”.

Formación continua

El planteo de Páez pone el eje en un modelo que se aleja de las carreras largas como único camino. “Mi recomendación es apostar por un modelo de formación modular. Iniciar con carreras cortas o tecnicaturas de alta demanda permite una inserción laboral temprana”, sostiene. Y advierte: “Elegir una carrera solo por la salida laboral es arriesgado; el verdadero diferencial competitivo será la capacidad de adaptación”. En esa misma línea, describe cómo cambió la lógica del mercado: “La tecnología dejó de ser un sector para convertirse en una capacidad transversal: independientemente de la disciplina, el componente digital será el motor de valor”.

REFERENTE. Alejandro Páez es presidente de la Red Federal de la Economía del Conocimiento.

Desde la mirada de la red que nuclea al sector, las empresas ya no buscan perfiles tradicionales. “Hoy el mercado demanda arquitectos de soluciones”, explica Páez. Y precisa: “No podemos conformarnos con conocimientos genéricos. Un programador que solo sabe sintaxis corre el riesgo de ser reemplazado por la IA”. En cambio, el valor está en otro lugar: “Aquel que posee una base sólida en pensamiento lógico-matemático utiliza la IA como un multiplicador de su propia capacidad”.

Además, señala una transformación en los equipos de trabajo: “Las empresas no solo demandan programadores; estamos integrando perfiles híbridos”. Y detalla: “La capacidad de interpretar contextos, la ética en el manejo de datos y la comunicación clara son tan vitales como el dominio de un lenguaje de software”.

Aprender por fuera de la universidad

En Tucumán, uno de los actores centrales en la formación tecnológica es Rolling Code, una academia que capacita en desarrollo de software con un modelo intensivo orientado a la inserción laboral. Su CEO y cofundador, Walter Esteban Juárez Rivas, propone cambiar la pregunta inicial: “En vez de preguntar ‘¿qué carrera tiene salida laboral?’, me preguntaría: ¿en qué campo querés genuinamente trabajar y aportar valor, resolver problemas?”.

A partir de su experiencia, remarca que el diferencial no está en el título: “Lo que realmente te va a dar trabajo no es tanto la carrera que elijas, sino cómo estudiás, cómo te preparás, cómo te conectás y cómo empujás para ser el mejor en tu sector”. También advierte sobre las falsas promesas de formación rápida: “Una formación sólida en desarrollo web o en una especialidad tecnológica requiere entre ocho y 18 meses de estudio intensivo. No existe el ‘aprendé a programar en 30 días y conseguí trabajo’”. Y suma una dimensión que, según plantea, redefine el acceso al trabajo: “La tecnología democratiza la geografía. Un joven de Tucumán, de Jujuy o de La Rioja, tiene acceso exactamente al mismo mercado laboral global que alguien de Buenos Aires o de Madrid”.

En ese sentido, vincula la formación tecnológica con una transformación más profunda: “Es la razón por la que seguimos apostando a la formación tecnológica como herramienta de transformación social, no sólo económica. Como siempre digo: la educación es un trampolín”. En esa misma línea, deja una definición que sintetiza el cambio de época: “La tecnología no es el destino. Es el vehículo. Y en el mundo que viene, quienes puedan conducirlo con inteligencia, creatividad y criterio propio van a tener no solo trabajo, sino la posibilidad de construir lo extraordinario”.

REUNIDOS. Integrantes de Rolling Code miran un monitor mientras programan. GENTILEZA WALTER JUÁREZ

Emprender y adaptarse

Otro de los actores que impulsa el ecosistema es Endeavor, una red que trabaja con emprendimientos de alto impacto para ayudarlos a escalar y generar empleo, y que tiene  presencia en el NOA. Desde su equipo operativo en la región NOA, Marita Falcón pone el foco en la actitud frente al cambio: “El mayor error es el miedo a equivocarse y quedarse quieto”. En un contexto de aceleración constante, sostiene: “Hoy en día el mundo va tan rápido que elegir una carrera universitaria es solamente el puntapié inicial, ya no es algo para toda la vida”.

Y apunta a las habilidades que hacen la diferencia: “Si tengo que dar un consejo, diría tres cosas: tecnología, comunicación y cómo adaptarte rápidamente a los cambios”. Para Falcón, el futuro no pasa por una única disciplina: “El futuro es de las personas que sepan utilizar de la mejor manera la tecnología para poder potenciar cualquier tipo de negocio”. Y concluye: “El futuro es de los que hacen, no de los que esperan a estar listos para hacer”.

En un escenario donde las certezas se diluyen, la economía del conocimiento impone una nueva lógica: aprender de forma continua, combinar saberes y adaptarse. Desde Tucumán, el mensaje de los referentes es claro: más que elegir una carrera, el desafío es construir un perfil capaz de evolucionar con el mundo del trabajo.

Producción audiovisual: Agustina Garrocho y Álvaro Medina.

EXPOSICIÓN. Florencia de Zavalía (Zelmira Learning), Ramiro Muñoz (SALVITA), Carolina Gammariello (CGCarteras) en Endeavor NOA de Salta, el año pasado. LA GACETA / FOTO DE MERCEDES MOSCA